Ante las diferentes consecuencias del cambio climático, el aumento de la temperatura, el cambio de los regímenes pluviométricos (sequías o lluvias excesivas), las olas de calor y el aumento de la radiación UV-B, entre otros, en la última década se ha incrementado la investigación en relación con alternativas biológicas de aplicación agrícola como estrategia de mitigación y adaptación.
Los hongos micorrízicos, al igual que otros microorganismos promotores del crecimiento de las plantas, participan en el ciclo global del C, no solo porque se ha demostrado que las plantas entregan entre el 10 y el 20 % de los fotosintatos a los hongos micorrízicos MA, sino también porque los suelos con plantas micorrícicas almacenan más C /ha, siendo mayor con MA que con EM, por lo que se reconoce su participación clave en el ciclo global del C. El aumento de CO2 puede promover la colonización micorrízica de las raíces de las plantas como consecuencia de una mejor distribución del carbono en las raíces que a su vez conduce a una mayor absorción de minerales del suelo.
Asimismo, existe evidencia reciente (Parihjar et al., 2019) de la presencia de MA como Acaulospora, Entrophospora, Funneliformis geosporum, Glomus, Rhizolglomus intraradices y R. fasculatum en la rizosfera de plantas resistentes a la salinidad y pH alcalino, que hacen estos hongos potenciales herramientas en los procesos de adaptación al cambio climático y restauración de suelos degradados.
Como indicadores del cambio climático, la esporulación de hongos micorrízicos es un fenómeno que ha sido estudiado en viñedos de Estados Unidos y Europa, encontrando baja diversidad con predominio de especies de la familia Glomeracea, en suelos expuestos a altas temperaturas y sin fitosanitarios. . , y alta diversidad en vides silvestres, lo que ha llevado a los investigadores a plantear que las sequías previstas en el marco del cambio climático provocarían la esporulación de hongos micorrizógenos arbusculares y una disminución de su actividad como HMA, y por tanto una pérdida de calidad del suelo y productividad en uva para vino, en zonas tradicionalmente productivas (Guadarrama. et al., 2018).
En relación con el ciclo del N, este se ve afectado positivamente por la simbiosis planta-hongo ectomicorrícico (EM) y ericoide, ya que estos hongos son capaces de adquirir N y P de fuentes orgánicas, que pueden representar entre el 20 y el 80% de las necesidades de la planta, prevención de pérdidas y lixiviación de nutrientes y mejora de la eficiencia en el uso de nutrientes. También se ha demostrado que los hongos MA reducen las emisiones de N2O (Bender et al., 2014).
Consideraciones finales: Las asociaciones mutualistas con hongos micorrízicos benefician a las plantas de muchas maneras al promover la nutrición y salud de las plantas y la calidad del suelo. Sin embargo, los efectos, especialmente en cultivos agrícolas, dependen del cultivo, las prácticas agrícolas y la calidad de los productos ofrecidos.


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